LUCIFER: LA ESTRELLA DE LA MAÑANA




LUCIFER  

 LA ESTRELLA DE LA MAÑANA



¿Quién eres tu Oh fulgente resplandor? 
¿Por qué confundes mi mente y corazón al rodearte de velos y misterios? 
Confundido acerca de tu esencia deambulo por el cosmos 
Preguntándome a quien he adorado 
¿He sido engañado? 
¿Le he otorgado mis noches y mis días a una mentira? 
¿O en verdad te he visto a la cara y sin embargo esta permanece siendo un arcano? 
¿Quién eres tú, quien hace estremecer los cimientos de mi Fe? 
Corrientes de espíritu y mente recorren mi garganta 
Pues he tomado de tu Grial y fue un sorbo demasiado profundo 
Loco y demente 
Caigo al Abismo 
            Sin saber quién me ha abrazado en el silencio nocturno 



Lucifer es probablemente una de las entidades que mayor confusión trae a aquellos que han penetrado en los misterios de la Magia y la Brujería, por lo menos entre quienes poseen el suficiente discernimiento para no dejarse llevar por lo primero que leen, y que, buscadores de la verdad, o lo más cercano a ella, sienten que es insuficiente la información presentada. 

Podemos seguir la gnosis de otros, pues esta puede en verdad haber topado con realidades cósmicas trascendentales, pero se hace imperativo sopesar la información y compararla con aquellas piezas históricas que pueden darnos una idea de las revelaciones que ese inconsciente colectivo, y las cadenas culturales, tienen para ofrecernos. Aceptar algo sin la necesaria consideración, no solo intelectual, sino espiritual, es un riesgo para el desarrollo íntegro del individuo.

La Fe es irracional, ciertamente, pero incluso en su irracionalidad debemos tener certeza pragmática de que algo puede soportarla, como aquel que continúa ritualizando porque en efecto los pasados ritos han tenido la consecuencia deseada, es allí cuando la experiencia, necesariamente resultado de algo, se une a la creencia.

E.g. tengo Fe en Hekate porque Ella me ha dado elementos para soportar dicha convicción y yo, en la aplicación dialéctica del conocimiento, he podido confirmar, usando mi discernimiento, la veracidad de tales ocurrencias.

La palabra clave aquí seria “discernimiento”, el cual se define como el juicio que nos permite determinar la diferencia entre diversos elementos. El discernimiento para el Brujo y el Mago va ligado a su Verdadera Voluntad, aquella emanada de la comunión con nuestro Yo Superior y a su vez con los Poderes, diferente al mero discernimiento racional del individuo mundano.

Esta introducción, de un talante racionalista, es necesaria como abreboca para el tema de este ensayo, el cual no es otro que la identidad y naturaleza de la entidad conocida como Lucifer, la cual es imposible no haber escuchado, y que va íntimamente ligada a la Brujería.

Muchos se habrán preguntado por su origen y rol en el Ocultismo, y los lectores asiduos a este espacio sin duda habrán leído mis referencias a esta figura, o incluso al epíteto de Diablo, pero solo hasta ahora considero que es necesario indagar de forma más profunda en este tema, servirá para ilustrar a muchos acerca de ello y poner orden a ideas que llevan tiempo circulando; el plasmar por escrito los pensamientos y las experiencias siempre es un ejercicio mental sumamente útil.

Nos planteamos por lo tanto una serie de interrogantes:

-¿Es Lucifer el Diablo cristiano?

-¿Una confusión terminológica?

-¿Una deidad antigua?

- ¿Un engaño?

-¿Cuál es su relación con otras deidades?

-¿Qué papel tiene Lucifer en el Arte de la Brujería?

Intentemos responder a estas preguntas.



Venus y Lucifer 




El nombre, o adjetivo, Lucifer, es la traducción al latín de la palabra hebrea hêlêl (הֵילֵל), y a su vez el equivalente en la lengua de Julio Cesar del vocablo griego Phosphorus. 

La traducción de Lucifer, como nombre, sería “la primera estrella de la mañana”, haciendo clara referencia al planeta Venus, siendo este quien anunciaba la llegada del amanecer, el surgimiento del Sol. Como adjetivo nos encontramos con “aquel que trae la luz”, o “el portador de la luz”, todo esto siendo correspondencia directa del mencionado termino hebreo hêlêl. El griego Phosphorus posee igualmente la misma significación, esto es importante tenerlo en cuenta, más adelante veremos el porqué.
La primera aparición bíblica de Lucifer la encontramos en la traducción de la biblia hebrea y griega al latín, la llamada Vulgata, por Jerónimo de Estridón, y que posteriormente permaneció en la famosa versión del sagrado texto del Rey James, una traducción al inglés de la biblia durante el reinado del Rey James VI y I (Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia).

En el contexto bíblico la palabra Lucifer es usada en referencia a la profética muerte de un Rey babilonio, referido en la forma hebraica original como “hêlêl ben šāḥar”, y traducido en la versión de la biblia del Rey James como “Oh Lucifer, Hijo de la Mañana

El pasaje completo, en su presentación anglosajona, reza lo siguiente:

 How art thou fallen from heaven, O Lucifer, son of the morning! How art thou cut down to the ground, which didst weaken the nations! For thou hast said in thine heart, I will ascend into heaven, I will exalt my throne above the stars of God: I will sit also upon the mount of the congregation, in the sides of the north: I will ascend above the heights of the clouds; I will be like the most High. Yet thou shalt be brought down to hell, to the sides of the pit. (Isaiah 14:12). [cursivas son mías]. 

Interesantemente las versiones modernas tienden a sustituir Lucifer por “estrella de la mañana” simplemente, lo cual es más apropiado dado el contexto y significación.

Es importante señalar que, en la mencionada biblia, se está haciendo clara referencia no al nombre de una entidad angelical caída en desgracia, sino a un Rey de Babilonia, el cual se equipara al planeta Venus en su misma manifestación hebrea original “hêlêl”. De la misma forma Lucifer no es empleado como un título o nomenclatura per se, sino como una descripción cualitativa. 

Se hace necesario explicar que el planeta Venus, al amanecer, una hora o menos antes de que el Sol salga, es el cuerpo celeste más brillante, opacando a todos los otros astros. Venus es igualmente llamado la Estrella de la Tarde y resplandece una hora, o menos, luego de la puesta del sol, permaneciendo invisible posteriormente.
De modo que la comparación metafórica es que, así como Venus es derrotado por el Sol, quien al elevarse, y por lo tanto iluminar la bóveda celeste, hace desvanecer al planeta, el Rey de Babilonia es, a su vez, derrotado por YHVH. El Rey, en su arrogancia, intento elevarse alto como Dios, y fue arrojado a las profundidades. 

Tal cuestión se ve reflejada, de forma sumamente interesante, en el mito cananeo de Attar y en la historia griega de Faetón. 



Attar

Attar era un Dios semítico de fluctuante dominio, este variando de región en región, por lo que para ciertos poblados era Dios de la guerra y para otros de los truenos o la fertilidad. Algo en común en sus diferentes cultos era el hecho de que representaba a la estrella de la mañana, y la tarde; y tenía poder, por lo tanto, sobre el planeta Venus. 

En uno de los textos descubiertos en Ugarit, se describe como Attar ocupa, por una temporada, el trono de Baal Hadad, pero el puesto resulta ser demasiado para él y debe abandonarlo y conformarse con gobernar la tierra, o el Inframundo según otras fuentes, aunque dado el hecho de que es considerado Dios de la fertilidad tiendo a decantarme más por la primera opción.


“Él (Attar) tomo su asiento en el trono de Baal el Poderoso 
Sus pies no alcanzaban el escabel  
Su cabeza no alcanzaba el dosel del mismo”



Esto es en cierta medida similar, aunque de forma mucho más sutil, al mencionado mito bíblico del Rey babilonio que es arrojado a las profundidades al fallar en su deseo de igualar al Dios hebreo en los cielos. En este caso Attar no es derrotado per se, pero no posee la capacidad suficiente para ocupar un trono en las Alturas.


“Fuera del trono de Baal el Poderoso
 Y gobernó (Attar) en la tierra, Dios de todo ello”




 Faetón 

Faetón, de GustaveMoreau (1878)

 En el contexto cultural griego tenemos a Faetón (“El Resplandeciente”), hijo de Helios y de Clímene, a quienes los cretenses denominaban Adymus, la Estrella de la Tarde y la Mañana. Sin embargo no debe confundirse con Phosphorus, quien en la mitología griega era quien poseía oficialmente la posición de la Stella Matutina. Aun así es cuanto menos interesante la comparación de epítetos entre Faetón/ Adymus y Venus.

En su conocido mito, Faetón, enojado con sus amigos porque no creían su divina procedencia, fue a ver a su padre Helios. El potente Dios, antes de que su vástago siquiera expresase la razón de su encuentro, le juro, por el sagrado río estigia, que le concedería lo que este pidiese. Faetón le solicito a Helios que le permitiese conducir su carruaje por un día, Helios intento convencer a su hijo de lo contrario pero este, recordándole su juramento, y siendo imposible deshacer algo dicho en nombre del infernal afluente, se mantuvo firme en su decisión.

Faetón manejó el carruaje del Dios, el cual no era otro que el mismísimo Sol, y perdió el control del mismo, quemando gran parte de África y poniendo en riesgo a la Tierra, por lo que el Padre Zeus tuvo que actuar, fulminando a Faetón con un rayo, y arrojando su cuerpo en llamas al río Erídano. Posteriormente Faetón fue convertido en la constelación Auriga.

Imposible no señalar que para algunas fuentes Faetón es otro nombre para el mismo Helios, y que esto puede ser un indicio de su posterior sustitución por Apolo como el regente solar. Aun así, el mito es revelador por sí mismo.

Al final, todos estos personajes mitológicos, equiparados de una u otra forma al planeta Venus, son, como el mismo cuerpo celeste, “vencidos” antes de alcanzar el punto ascendente más alto.

La Enciclopedia Judía (1906) dice, al respecto del reiterativo motivo de la Estrella Caída, que “es obvio que el profeta (Isaiah) al atribuirle al rey babilonio un arrogante orgullo, seguido por una caída en desgracia, tomo la idea de una popular leyenda conectada a la estrella de la mañana”.

De una u otra forma el escrito bíblico demuestra seguir una tradición cultural relacionada a esta caída en desgracia de un brillante astro, en este caso reiterativamente conectada al planeta Venus. Como se ha dicho la misma palabra “hêlêl” señala esto directamente y sin lugar a dudas.

En ningún momento Isaiah se refiere a un Ángel Rebelde, sino que equipara al Rey de la profecía con la “arrogancia venusina” de querer equiparse al Sol, a Dios en su caso particular.

El Lucifer bíblico, por lo tanto, no es un nombre para el Adversario hebreo o cristiano, sino un título, o un adjetivo, para describir a un mortal. Como entidad preexistente de naturaleza angélica, demoniaca, o sobrenatural, no existe, bíblicamente hablando por supuesto.

Sin embargo, como sujeto divino histórico, soportado en el panteón cultural de una civilización, nos encontramos con otro caso.


Phosphorus y Lucifer

Phosphorus, o a veces Heosphoros, era el nombre de una deidad griega menor, correspondiente a la Estrella de la Mañana, el planeta Venus en su presentación matutina. Según Hesíodo era hijo de Astraeus y Eos, y a su vez padre de Daedalion y Ceyx. El nombre, como mencione ya algunos párrafos atrás, significa “Portador de la luz”.

La Titanide Eos tuvo otro hijo, llamado Hesperus, quien era la Estrella de la Tarde, es decir, Venus en su manifestación vespertina.

Phosphorus y Hesperus eran considerados hermanos, y dos entidades sui generis asociados a una estrella diferente cada uno, y aunque los griegos eventualmente descubrieron que estaban vinculados al mismo cuerpo celeste, es decir, el mismo planeta Venus en dos horarios diferentes; continuaron tratándolos como seres disimiles. 



Escultura de la Diosa Selene posiblemente acompañada de los hermanos Phosphorus y Hesperus


Halbertal y Margalit (1998, p.142) argumentan que la razón pudo deberse a que los griegos no identificaban a la “Estrella” con la deidad propiamente, y van más allá el ejemplificar que la relación entre un Dios y un astro puede ser considerada como una institución y el edificio en el cual dicha institución opera, de modo que, aunque la edificación cambie, la institución, siendo esta evidentemente la deidad; perdurara e incluso se moverá a otro establecimiento.

Aun así la relación entre Phosphorus/Hesperus y el planeta Venus era una de carácter íntimo y consabida por todos.

Entre los romanos existían dos entidades de exacta correspondencia, y, si bien difícil es determinar si fueron adaptadas a través de la influencia helénica, o eran parte del folklore indígena, indefectiblemente son parte del panteón latino.

Lucifer era el equivalente romano de Phosphorus, mientras que Vesper era a su vez la contraparte de Hesperus.

Ambos son mencionados por Cicerón de forma directa “Stella Veneris, quae Φωσφόρος Graece, Latine dicitur Lucifer, cum antegreditur solem, cum subsequitur autem Hesperos” [La Estrella de Venus, llamada Phosphorus en griego, y Lucifer en latín, cuando precede al sol, y Hesperus cuando le sucede] (De Natura Deorum. II, 20, 53).

Plinio el Viejo igualmente hace referencia a las dos manifestaciones venusinas: 

A continuación del sol nos rodea un gran planeta llamado Venus, que tiene un movimiento alternativo y que, por su nombre, es el rival del sol y la luna. Naciendo antes que el sol aparece en la mañana, recibió el nombre de Lucífero, y como otro sol, dispone la llegada del día, por otra parte, después del ocaso relumbra en la noche, ella se llama Vesper. (Naturalis Historia. II, 36).

De modo que Phosphorus/Hesperus y Lucifer/Vesper son correspondencias directas de cada uno en el acervo cultural griego y romano, respectivamente. Se hace innecesario el señalar que nos estamos refiriendo a deidades pre-cristianas que no tienen relación alguna con el Lucifer nacido de la incorrecta interpretación cristiana de la ya explicada metáfora de Isaiah. 


Hesperus como la personificación de la Noche, de Anton Raphael Mengs

Podemos afirmar por lo tanto que Phosphorus/ Lucifer, en su calidad de deidad helénica y latina, representación del planeta Venus, es en efecto una entidad existente históricamente. 



Phosphorus/Lucifer como titulo


Habiendo expuesto la existencia histórica de Phosphorus/Lucifer como una deidad antigua, se hace necesario indagar un poco más en el uso del vocablo, puesto que Phosphorus, o Lucifer, eran empleados no solo como un nombre propio para designar a las entidades que representaban a la Estrella Matutina, y por extensión a la Vespertina, sino que igualmente eran utilizados como títulos por diversas entidades.

Para ello debemos separar la relación directa del termino Phosphorus/Lucifer como representación nouménica del planeta Venus y enfocarnos en su uso como adjetivo y título, es aquí donde entraremos en aspectos de índole místico y espiritual, y por lo tanto menos racional y más subjetivo.

La etimología de Phosphorus/ Lucifer, como epíteto, es “aquel que trae la luz” o “el portador de la luz”, de forma simplista podemos decir que un Lucifer es quien produce algún tipo de iluminación. En nuestros haberes es claro que dicha iluminación se refiere a un estado de elevación espiritual, una epifanía, o una ocurrencia mística. Hago hincapié en el "un”, puesto que siguiendo esta línea de pensamiento serian muchos los que podrían llamarse Phosphorus /Lucifer.

Ejemplo de ello lo tenemos entre diversas deidades que compartieron el epíteto de Phosphorus/ Lucifer:

Tenemos por un lado a Hefestos, Dios griego del fuego, la forja y la metalurgia, rodeado de misterios y asociaciones sumamente interesantes. En su calidad de señor del fuego, sagrado elemento místico, no es de extrañar que se hayan referido a él como un Portador de la Luz (Phosphorus) en los Himnos Órficos:

Hefesto de ánimo fuerte, de gran fortaleza, fuego infatigable, que brillas con inflamados resplandores, deidad de luz para los mortales, portador de luz, de robusta mano, perpetuo, que frecuentas las artes, obrador, porción del cosmos, elemento irreprochable, devorador de todo, que todo lo dominas, el más alto de todos, que de todo te alimentas, éter, sol, astros, luna, luz inmaculada: en efecto, estos miembros de Hefesto se manifiestan a los mortales. Tú tienes a todas las cosas por morada, a toda ciudad, a todos los pueblos, y habitas los cuerpos de los hombres, muy próspero, poderoso. Escúchame, bienaventurado, te llamo a las sagradas libaciones para que siempre vengas, dulce, a las alegres tareas. Calma la locura rabiosa del fuego infatigable, tú que tienes el ardor de la naturaleza en nuestros cuerpos. (Lavalle, 2009, LXVI, p.4.). [cursivas son mías].

Como portador de la luz se puede inferir que Hefestos iluminaba a sus devotos con el conocimiento de la forja y las invenciones nacidas de esta. Es sabido entre los practicantes de Brujería Tradicional que los Dioses herreros están profundamente ligados a la imagen del Dios de los Brujos, el Padre de la Astucia, siendo directas asociaciones del mismo en su rol de dador de conocimiento y creatividad, y por supuesto su perenne relación con el fuego.

Escaparía a los límites de este trabajo el profundizar en Hefestos, sin embargo invito al lector a escudriñar información acerca de este Señor del Fuego, cuya profunda relación con los misterios iniciáticos sobrepasan por mucho la vaga concepción que suele tenerse de la deidad, y su confinamiento usual como el tosco compañero amoroso de Afrodita.

Similar a Hefestos, la Diosa Artemisa era referida igualmente con el epíteto Phosphorus, esto puede deberse a su relación con la Luna y al hecho de que solía ser representada sosteniendo antorchas. Sin embargo es necesario aclarar que la Diosa nunca fue vista como la Luna misma, rol que correspondía a Selene. Es de considerar el complejo entretejido de correspondencias que sufrieron Artemisa, Hekate y Selene, y que hace difícil el determinar con exactitud si las asociaciones lunares de las dos primeras fueron propias, o adquiridas en su identificación posterior con la tercera.

Pausanias nos da una descripción en donde se señala el uso de Phosphorus como título para Artemisa:

Sin embargo, el templo lleno de estatuas más bellas, es el de Asclepio. Usted puede ver a un lado del dios y sus hijos, las musas, Apolo y Hércules. Hay otras imágenes: la ciudad de Tebas, Epaminondas hijo de Polymnie, Fortuna y Artemisa Fósforo (la que porta la luz). Entre las estatuas, las de mármol fueron los realizados por Demofonte, en Mesenia, sólo él, es hábil escultor que ha producido para el país. La estatua de Epaminondas es de hierro, y está claro que no es de Demofonte. (Descripción de Grecia. IV, XXXI & 10). [cursivas y paréntesis son míos]. 



Estatua de Artemisa con antorchas. Museo Chiaramonti

Ya fuesen propias, o adaptadas, las características lunares de Artemisa, su papel como una Phosphorus era conocido en la antigüedad, la referencia de Pausanias es un alegato convincente para creerlo. Sus símbolos eran el arco y la flecha, el perro de caza, las antorchas, el ciervo y la Luna, y en su culto posterior el símbolo de la Luna Creciente fue sumado a este compendio, tal vez dado a su identificación con la Diosa Selene.

Artemisa es protectora de las mujeres y los animales, Diosa cazadora por excelencia, y podríamos argumentar que parte de su rol luciferino representa el resplandor de los rayos de la Luna que brindan claridad, seguridad, guía y verdad en la negrura de la noche… ¿será ella los rayos de la Luna como su hermano gemelo Apollon es los rayos del Sol?

Esto podría estar relacionado a su título como Phoebē (radiante, profético), usado en su rol como Diosa lunar, el femenino de Phoebus (brillante), el Sol, y uno de los epítetos más conocidos de Apollon.

Ovidio menciona a la divina Artemisa con dicho nombre:

Estas palabras Phoebē, ella de los dardos, me ha ordenado en mis sueños a escribirte; estas palabras en mis horas de vigilia el Amor me hizo escribirlas. Las flechas de uno de ellos ya me han herido; que los dardos del otro no te hieran a ti, ¡presta atención! Tu seguridad está unida a la mía- ten compasión de mí y de ti misma. (Heroidas. XX, 229).

La palabra Phosphorus pareciese un símil aplicable a Phoebē, dado su significación básica como “aquel que trae la luz”. La relación de la Diosa con las antorchas, símbolo generalizado de gnosis, protección, iluminación y guía parecen atarla innegablemente a un rol de luminaria intelectual y espiritual.

Este aspecto de Artemisa como Diosa de la Luz va de la mano con el de su correspondencia cultural romana, estoy hablando por supuesto de la Diosa Diana.



Diana la Cazadora. Museo del Louvre


Deidad italiana indígena, y con un culto solido en Nemi, de donde obtuvo su título de Diana Nemorensis (Diana de Nemi), fue asociada con Artemisa y, como ocurrió con el resto de los Dioses latinos, se sincretizo con la misma, adoptando sus características y correspondencias.

Diana, como su contraparte griega, fue asociada a la Luna y a las antorchas, de hecho uno de los más espectaculares festivales romanos, en donde las antorchas juegan un rol central, se debe a ella.

La Nemoralia, o Festival de las Antorchas, era celebrado en la Luna Llena de Agosto, o el 13-15 de Agosto según algunas fuentes. Considerado, muy adecuadamente, la mayor celebración en honor a Diana, en donde era exaltada suntuosamente por cientos de devotos, quienes formaban una procesión de antorchas alrededor del lago de Nemis, llamado el speculum Dianae, el espejo de Diana.

Ovidio nos hace una descripción de la celebración:

Hay un lago, rodeado por la selva sombría del valle aricio, consagrado por antigua religión […] Cuelgan hilos que recubren largas estacadas y hay dispuestas muchas tablillas en honor a la meritoria diosa. Muchas veces una mujer cumpliendo su voto y ciñendo las sienes con guirnaldas transporta antorchas relucientes desde la ciudad. Los esforzados por sus brazos y piernas veloces detentan la monarquía y cada uno va muriendo después, a ejemplo del anterior. Corre allí un riachuelo pedregoso con murmullo inseguro. (Fasti. III, 259-275). 



Lago de Nemi, por John Robert Cozens. Siglo XVIII


El Festival de las Antorchas gozaba de tal popularidad que, siendo imposible extirparlo de la psiquis del pueblo lacio, la Iglesia Católica impuso su Festín de la Asunción, en honor de la Virgen María, en su lugar, celebrándolo el 15 de Agosto.

Esta asociación de Diana con las antorchas esta sin duda hermanada a la misma tradición griega para con Artemisa, y nos habla de similares correspondencias relativas a la iluminación en la oscuridad, su guía entre las sombras y, posiblemente, relacionado a conocimientos mistéricos. Es este papel el que probablemente le da razón al título de Diana Lucífera, Diana la “portadora de la luz”.

Tenemos constancia de la existencia de tal apelativo gracias a la Emperatriz romana Faustina la Joven, la cual al parecer rendía culto a Diana Lucífera según nos da indicios la obra artística “Favstinae Consecratio” (La Consagración de Faustina), en la cual se le ve siendo llevada, posterior a su muerte, por Diana, la Portadora de las Antorchas, I.e. Diana Lucífera/Phosphorus: 





La misma Faustina, al ser honrada en la forma de monedas con su rostro, en las cuales era llamada Diva Faustina, era acompañada en el lado inverso del metálico por una imagen de Diana como Portadora de Antorchas (Lucífera):





De igual forma monedas romanas sumamente antiguas del siglo 42 a. C., durante el periodo de la Republica, representaban al Dios Apollon por un lado y a Diana Lucífera, sosteniendo dos antorchas, por el otro: 




Volviendo al equivalente griego de Lucifer nos encontramos con que Dioniso era igualmente referido con el epíteto de Phosphorus, tal cuestión no es de extrañar considerando su papel como deidad profundamente mistérica, con cultos tan antiguos que lo convierten en uno de los Dioses más importantes del mundo antiguo.

Su posición como preeminente deidad de conocimientos arcanos, especialmente en los Misterios de Eleusis, lo une especialmente al rol de entidad luciferina, un guía a los misterios divinos de ascensión y purificación espiritual, un ser de iluminación que disipa la ignorancia y señala el camino hacia la realización holística.

Así nos lo señala el comediógrafo Aristófanes en uno de sus pasajes, en el cual un coro invoca a Dioniso durante una ceremonia:

Coro: Ven, levántate, de tu sonambulismo, ven con las ardientes antorchas temblando, O Iaco! O Iaco! Estrella de la Mañana [Phosphorus] que brilla nocturnamente. He aquí el aguamiel ardiendo brillantemente. La Edad olvida sus años y tristeza, la Edad se arrodilla y salta por la alegría, levantada por tus resplandecientes antorchas. Organiza tu sequito sin culpa. Lidera, o lidera el camino ante nosotros; lidera al hermoso coro de juventud a la pantanosa llanura florida. (Las Ranas. 342). [corchetes son míos]

Aquí nos encontramos con un Dioniso que, a través de sus antorchas, ilumina la oscuridad de los ritos, llevando alegría donde imperaba la tristeza, juventud y renacimiento donde yacía la vejez y la resignación. En verdad un portador de luz, libertad y éxtasis divino.

En la misma cita nos encontramos con el nombre Iaco (a veces Yaco), identificado con la figura de Dioniso en los Misterios de Eleusis, siendo él quien llevaba la antorcha en la procesión desde Atenas a Eleusis. Un heraldo del hijo de la Diosa del culto mistérico, o el hijo mismo, dependiendo de la manifestación o rostro presentado. 


La Tablilla Ninnion (370 a. C.). En la misma se puede ver a Iaco (Dioniso) líderando la procesión mientras sostiene las antorchas. Deméter y Perséfone reciben al grupo.

La misma Hekate, Diosa de la Brujería por antonomasia e iniciadora en los Misterios del Arte, es señalada como Phosphorus por Eurípides en su obra trágica Helena, en donde Menelao expresa “Oh Hekate, dadora de la luz, ¡envía tus visiones favorablemente!”(Helena. 569). [cursivas son mías].

Las imágenes de Hekate portando antorchas, y conectándola con el epíteto Phosphorus, son variadas.



Hekate y el Gigante Klytios. Tomado de Theoi.com 

Hekate junto a Deméter recibe a Perséfone, quien es traída del Inframundo por Hermes. Tomado de Theoi.com


Hekate Phosphorus, junto a Hércules y el sabueso infernal Cerberos.Tomado de Theoi.com

Finalmente, tenemos la utilización de Lucifer como epíteto para Jesús de Nazaret. En los siguientes versículos podemos observar la mención del Mesías como la Stella Matutina. Los versículos son presentados en español pero en su manifestación latina original es empleado el término Lucifer:

Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones (2 Pedro 1:19). [cursivas son mías].

En el Libro de las Revelaciones se nos presentan una serie de versículos que nos guían hasta la referencia de Jesús como el portador de la luz.

Y al vencedor, al que guarda mis obras hasta el fin, le daré autoridad sobre las naciones (Apocalipsis 2:26).

Y las regirá con vara de hierro, como los vasos del alfarero son hechos pedazos, como yo también he recibido autoridad de mi Padre (Apocalipsis 2:27).

Y le daré el lucero de la mañana (Apocalipsis 2:28). [cursivas son mías].

El mismo Jesús dice en el Libro de las Revelaciones que "Yo, Jesús, he enviado a mi ángel a fin de daros testimonio de estas cosas para las iglesias. Yo soy la raíz y la descendencia de David, el lucero resplandeciente de la mañana"(Apocalipsis 22:16). [cursivas son mías].

Todo ello nos permite llegar a la conclusión de que, sin lugar a dudas, el vocablo Phosphorus/Lucifer, cuando no empleado para referirse a las deidades romanes y griegas menores identificadas con la Stella Matutina, es extrapolable a cualquier deidad o entidad que cumpla con las características relacionadas a misterios iniciáticos, viajes de descubrimiento, disipación de la ignorancia, iluminación divina, renacimiento, redención o guía.

Las posibilidades de aplicar el término como adjetivo descriptivo, o como epíteto, son infinitas.

Habiendo realizado este repaso histórico, y profundizado en la naturaleza antropológica y cultural del término tratado, es momento de que pasemos a la utilización de Lucifer en la Brujería.


Lucifer en la Brujería

The Witches' Sabbath, por Francisco de Goya

En el Arte de la Brujería uno de los nombres que se le ha dado al Dios de los Brujos, el Maestro de la Tradición, es Lucifer. Omitiré las ya sabidas acusaciones de la Iglesia Católica durante el medioevo de la adoración de Satanás o Lucifer por parte de las Brujas, es un tema sabido a vox populi y que no es útil en este trabajo, nos enfocaremos pues en su uso en la Brujería Tradicional desde la perspectiva de un practicante del Arte, al margen de las vanas consideraciones de las grandes religiones monoteístas.

Su mención más famosa en el contexto de la Brujería es sin duda la que nos presenta Charles Leland en Il Vangelo delle Streghe (1899), en dicho texto, supuesta prueba de la existencia de un culto brujo vivo en Italia, la Diosa creadora, Diana, se divide y engendra a su hermano y consorte Lucifer, originando la Luz en el Universo:

Diana era el primer ser creado antes que toda la creación; en ella estaban todas las cosas; fuera de sí misma, la primera oscuridad, ella se dividió; en oscuridad y luz fue dividida. Lucifer, su hermano e hijo, ella misma y su otra mitad, era la luz. (El Evangelio de las Brujas, Cap. II)

En el escrito Lucifer se presenta como una deidad escindida de la propia Diana, la primera luz cósmica, y que, similar a la concepción cristiana común, fue expulsado de los cielos por su arrogancia:

Diana amó desmesuradamente a su hermano Lucifer, el Dios del Sol y la Luna, el Dios de la Luz, quien estaba orgulloso de su belleza, y por causa de su orgullo fue desterrado del Paraíso. (El Evangelio de las Brujas, Cap. I)

Podemos ver aquí como temas paganos y cristianos se funden dando origen a una cosmogonía sincrética.



La caida de Lucifer, de Gustave Doré (1667)


La veracidad del texto de Leland está en profundo cuestionamiento, y se encuentra abierto el debate acerca de si realmente lo presentado en su libro pertenece al acervo religioso de un culto brujo vivo en la Toscana, o fue escrito enteramente por el propio Leland gracias a su conocimiento del folklore lacio. La influencia del Evangelio de las Brujas en el paganismo moderno es palpable sin lugar a dudas.

La inclusión de la figura de Lucifer como un Dios solar es contraria a la posición de las deidades luciferinas vistas en nuestro repaso histórico, como analizaremos posteriormente, y su expulsión del paraíso, gracias a su narcisismo, va en sincronía con los rasgos negativos del astro rey en la Astrología y la Qabalah Hermética, siendo la Belleza el más elevado y la Arrogancia/Narcisismo el más bajo.

Por supuesto el uso de la voz Lucifer en el texto es vago, se presenta como un nombre propio y sin embargo se hace referencia a una deidad solar, por lo cual no identificable con el Lucifer romano representante del planeta Venus. Hemos visto como Lucifer, cuando no usado para referirse a la deidad latina menor, es un título o un adjetivo descriptivo, por lo que su uso en el Evangelio de Aradia es incompleto. El Lucifer mencionado por Leland no puede ser sino una variación del mal interpretado Lucifer bíblico de Isaiah. Su narcisismo, arrogancia y consecuente expulsión de los cielos así lo confirman.

De ser cierto que Il Vangelo delle Streghe es en verdad el testimonio de un culto de Brujas vivo en la Toscana, es fácilmente asumible que dicho aquelarre se encontraba profundamente influenciado por creencias cristianas, el mismo papel de Aradia como redentora es sumamente esclarecedor en tal caso; y su creencia en Lucifer una alteración del mismo personaje bíblico.

Esto no debe resultarnos extraño pues el sincretismo entre creencias paganas y cristianas en conventículos, o en brujas individuales, fue sumamente común. Para una mejor referencia ver El Sabbath de las Brujas.

La Brujería Tradicional ha tomado imaginería tanto del politeísmo europeo como del cristianismo, natural siendo una tradición viva susceptible a sufrir ciertos cambios con el tiempo; el uso del apelativo Diablo para denominar al Dios de los Brujos en diversas recensiones es prueba de ello. Esto no debe sugerirnos que la Brujería Tradicional acepta las prerrogativas del cristianismo o que coquetea con su filosofía ontológica, simplemente emplea tal imaginería por su uso mágico práctico, gracias al poder del inconsciente colectivo, y por razones poéticas o estéticas; salvando aquellas manifestaciones que han aceptado el paradigma cristiano y que suelen llevar una tradición familiar.

Sin embargo a la hora de emplear términos es imperativo entenderlos a la perfección, el origen de los mismos y su aplicación han de ir de la mano. Realizar un rito, ceremonia o hechizo sin el completo entendimiento de los instrumentos o palabras usadas no es solo irresponsable sino que cercena el completo alcance del ritual y el desarrollo del practicante.

El Maestro del Arte es una deidad eminentemente lucífera, es aquel que lleva el conocimiento, devela misterios, sirve de guía en el Oficio, realiza pactos, y abre para el practicante los tesoros de la Tradición. El termino Lucifer, o Phosphorus de emplearse la forma griega, es perfectamente aplicable como un epíteto o adjetivo al mismo, siempre que acompañe al nombre propio de la representación del Maestro en la corriente o tradición particular.

Invocar a Lucifer en un rito, sin la especificación adecuada, sería como llamar, muy literalmente, a “un” Portador de la Luz indeterminado, o en todo caso, y dependiendo del desarrollo espiritual y direccionamiento mental, consciente o inconsciente, del Mago/Brujo; al egregor cristiano de Isaiah.

Phosphorus/Lucifer en referencia al Dios de los Brujos es por lo tanto un título o epíteto, no un nombre propio. Esto sigue por supuesto el lineamiento cultural que hemos estudiado. 




Prometeo lleva el Fuego a la Humanidad, de Heinrich Fueger (1817)

Por otra parte tenemos que Lucifer, en ciertas corrientes mágicas, ha sido igualado a Prometeo en su calidad de dador de conocimiento y entidad que se rebela a los designios de la figura patriarcal y suprema del orden cósmico, en el caso de Prometeo, Zeus, y en el caso de esta visión de Lucifer, Yahvé. Siendo quien, contrario a los designios del Padre, le ofrece el Fuego (Prometeo) a la humanidad, o lo invita a comer del fruto del Árbol del Conocimiento (Lucifer como la Serpiente en el Jardín del Edén). Dicha perspectiva ha sido tomada muy literalmente por practicantes del Sendero de la Mano Izquierda.

En la Brujería esto es diferente, como ya se ha señalado el uso de imaginería cristiana es meramente mágica, estética o poética, no existencialista. De la misma manera que la figura del Adversario es utilizada como una formula ritualista, siendo Chumbley uno de los más famosos adherentes a ella, el mito concatenado de Lucifer/Prometeo es empleado como una historia a través de la cual diversos formulaes mágicos pueden ser estructurados.

La alegoría de Lucifer como Ángel Rebelde, o figura prometeica, es solo un instrumento estético y romántico a través del cual velar, o cubrir, misterios trascendentales del Oficio. Por supuesto, para hacerlo se requiere profundo conocimiento filosófico en el Arte, y un entendimiento avanzado de los Misterios.

De buscar referencias más fidedignas un Ángel Caído, que precedan a la interpretación errónea del Lucifer de Isaiah, podríamos indagar en el Azazel hebreo, o el Melek Taus yazidí. Empero, esto nos alejaría del ethos de este ensayo.

El sincretismo sopesado, empleando simbolismo específico, para así exponer veladamente secretos del Oficio, es una práctica sumamente antigua, que requiere habilidad, conocimiento y astucia. Todo ello debe realizarse sin perder la base esencial de la cuestión, riesgo siempre presente de no legar adecuadamente los arcanos del Arte.

El empleo de Lucifer/Phosphorus en el Arte, cuando no utilizado como simbolismo sincrético o imagen romántica, es similar entonces al uso descriptivo que se le daba en la era pre-cristiana, sirviendo como epíteto o título para alguno de los Dioses Brujos. 


El Dios Solar que no fue 

 

 Pasamos ahora a la asociación solar que ha tenido Lucifer en ciertos círculos, visto por algunos, y sin duda siguiendo lo presentado en el Evangelio de las Brujas, como un Dios solar, y por otros como un Sol Negro, esta última tendencia seguida por la corriente ocultista de pseudo paganismo nórdico luciferista. Ello siendo, evidentemente, la prolongación y mutación de la visión del Lucifer bíblico.

Debemos partir por el hecho de que, el ser una deidad de iluminación mística, o guía en los Misterios, no necesariamente conlleva a ser una entidad solar, al igual que ser un ente divino relacionado con el fuego no lo une indefectiblemente al astro rey. Loki, por ejemplo, era el Dios del Fuego en la mitología nórdica, y sin embargo no es el Dios del Sol, lugar que le corresponde a la Diosa Sunna. El mismo caso de Hefestos en el paradigma griego, o Vulcano en el romano.

El extático Dioniso, una deidad luciferina y mistérica como hemos visto, y que permite el renacimiento del iniciado, posee características que lo marcan como un Dios ctónico (perteneciente al Inframundo), si bien se presenta como una figura redentora en los Misterios de Eleusis. No puedo dejar de recomendar Geosophia: The Argo of Magic, de Jake Stratton Kent, el profundo análisis histórico del autor respecto al Dios es invaluable.

Por otra parte la nocturna Reina Hekate poseía los títulos Chtonia (subterránea) y Phosphorus simultáneamente, su relación opuesta con el Sol era tal que se le llamaba “enemiga del día”, como evidencia el registro de creencias paganas hecho por Hipólito de Roma:

Ven infernal, terrestre, y celestial Bombo (Hekate), diosa de los amplios caminos, de la encrucijada, usted quien va de aquí y para allá durante la noche, con antorcha en mano, enemiga del día. Amiga y amante de la oscuridad, usted quien se regocija cuando las perras ladran y tibia sangre es derramada, usted quien camina entre los fantasmas y en el lugar de las tumbas, usted quien esta sedienta de sangre, usted quien infunde escalofríos y temor en los corazones de los mortales, Gorgo, Mormo, Luna de miles de formas, lanza un ojo propicio a nuestro sacrificio. (Philosophumena. IV, XXXV). [cursivas son mías].

Si tenemos presente el repaso histórico-cultural que hemos hecho en referencia al uso de Phosphorus/Lucifer como título, nos encontraremos con que ninguna de las entidades analizadas era de carácter solar, a excepción del caso de Jesús de Nazaret y las asociaciones cabalísticas con las cuales suele identificársele. Ninguno de los Dioses señalados tenía filiación directa con el sol.

Ya hemos visto reiteradamente que Lucifer/Phosphorus, y por extensión Vesper/Hesperus, como nombre propio de una deidad, está relacionado con el planeta Venus, de hecho, yendo más lejos podríamos decir que el Sol es un antagonista de la divinidad. La Estrella de la Mañana nace previamente a que el Sol de Oro despunte en el Este, y nuevamente surge como la Estrella de la Tarde poco después de que el Astro Rey se oculte en el Oeste, para luego ella misma seguirle.

La asociación de Lucifer, como deidad individual, con el Sol es por lo tanto inadecuada, en todo caso sería una entidad venusina, si mantenemos su asociación con el transito planetario y su rol de divinidad greco-latina histórica.

Yéndonos a la relación de Lucifer con el Sol Negro, tenemos primero que descartar la asociación filonazi, sería una digresión innecesaria adentrarnos en el tema del esoterismo nazi, suficiente decir que el termino Sol Negro es empleado dentro de ciertos grupos en el ocultismo occidental para referirse principalmente a preceptos pseudo esotéricos del III Reich, y que no tienen soporte histórico o cultural alguno.

La existencia de un Sol Negro, fuera del ámbito ocultista nazi, la encontramos en la interpretación subjetiva de hechos mitológicos, como por ejemplo en la cultura azteca, relacionado al viaje por el Inframundo del Dios solar Huitzilopochtli, una vez que este desciende por la puerta del Oeste al finalizar el día; en su odisea en las tinieblas Huitzilopochtli le daba luz a las almas olvidadas.

Esto podría ser extrapolado simbólicamente a cualquier deidad solar, incluyendo al Ra egipcio durante su travesía nocturna, la cual terminaba con la derrota de Apofis y el surgimiento de un nuevo amanecer. En ambos casos el Sol de Oro y el Sol Negro continúan siendo el mismo, solo que el escenario y contexto es diferente, manifestándose en el Inframundo con otra faceta.

Innecesario decir que tales interpretaciones, si bien subjetivas, son ricas en contenido mistérico y esotérico.

Por supuesto, como ya hemos señalado, dado lo amplio del vocablo Lucifer, o Phosphorus, este bien podría ser usado por el practicante moderno para referirse a alguna deidad solar en su calidad de Dadora de la Luz, en este caso muy literalmente y haciendo referencia directa y llana a los rayos solares. Por ejemplo, Apollon podría ser llamado Phosphorus por algunos. Sin embargo, invitamos a tener en consideración las formas del término y su aplicación a lo largo de la historia. De la misma manera que ofrendas tradicionales han de ser respetadas en lo posible, así mismo la utilización de títulos y epítetos.

Creemos pues que hemos respondido las interrogantes que nos planteamos, arrojando luz acerca de la controversial naturaleza de Lucifer, disipando interpretaciones incorrectas que suelen enraizarse en la gran mayoría de los que se inician en los menesteres mágicos. Y si bien existen un gran número de tópicos que pueden partir del estudio central de este trabajo, los puntos tratados son suficientes para tener una clara noción acerca de la figura histórica del Portador de la Luz, al igual que sus posibles aplicaciones prácticas.

Al realizar el llamamiento de Phosphorus/Lucifer será necesario tener conciencia de a quien se invoca, si es empleado para referirse directamente a los Dioses helénicos y romanos asociados a la Estrella del Alba y la Tarde, o como un título complementario al nombre propio de una deidad, o incluso como una alegoría romántica y poética. Tal cuestión será clave para profundizar en los Misterios, elaborar nociones gnósticas personales, y entrar en contacto con los Poderes.

Tal vez al final nosotros mismos podamos llamarnos Lucifer, con la aspiración de llevar antorchas de guía y conocimiento como tantos Dioses que poseyeron dicho título lo hicieron, y hacen, a su vez.




Hekate de Artemisiasynchroma (deviantart)



Referencias bibliográficas y obras citadas:

 - Atsma, A. (n.d.). Consultado el 30 de noviembre de 2014, de http://www.theoi.com/Titan/Phaethon.html

- Cicerón. (45 a. C.). De Natura Deorum [La Naturaleza de los Dioses].

-Euripides. (412 a. C.). Helena

- Gray, J. (1965). The Legacy of Canaan: the Ras Shamra texts and their relevance to the Old Testament [El Legado de Canaan: Los textos de Ras Shamra y su relevancia en el Antiguo Testamento]. Países Bajos: E.J. Brill.

- Halbertal, M. & Margalit, H. (1998). Idolatry [Idolatría] (Naomi Goldblum, trad.). Estados Unidos de América: Harvard University Press.

-Hipólito de Roma (3 d. C.). Philosophumena.

-Lavalle, R. (Ed.) (2009). Himnos Órficos. Buenos Aires

-Leland, C. (1899). Il Vangelo delle Streghe [El Evangelio de las Brujas].

-Pausanias. (n.d.). Descripción de Grecia: Mesenia. Libro IV .Consultado el 2 de diciembre de 2014, de http://www.historia-del-arte-erotico.com/Pausanias/libro4.htm

- Plinio el Viejo. (77 a. C.). Naturalis Historia [Historia Natural].

- Ovidio. (2001). Fastos (Bartolomé Segura, trad.). Madrid: Gredos

-Ovidio. (2011). Las Heroidas (Diego de Mexía, trad.)[Versión Digital en PDF]. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. (Obra original publicada en 1884).

- Singer, I. (Ed.) (1906). The Jewish encyclopedia; a descriptive record of the history, religion, literature, and customs of the Jewish people from the earliest times to the present day [La Enciclopedia Judía; un registro descriptivo de historia, religión, literatura y costumbres del pueblo judío desde los primeros tiempos hasta el presente]. New York: Funk and Wagnalls


*El ensayo puede ser descargado en PDF en este enlace. Respetar autoría si es distribuido.


3 comentarios :

  1. Saludos y gracias por el texto. Me preguntaba si maneja información análoga pero con respecto a Satán o Satanás. En la tradición cristiana, como se sabe, se han fundido incorrectamente las nociones de Satán/Lucifer/Diablo, cuando en realidad (y su texto así contribuye a pensarlo), son realidades diferenciadas. De nuevo saludos y gracias

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    1. Saludos,

      Un ensayo tan extenso como este respecto a Satán propiamente no lo hemos efectuado, sin embargo la siguiente entrada puede darte luz al respecto:

      http://www.serpientesdeplenilunio.com.ve/2016/05/el-diablo-en-el-arte-brujo.html

      Gracias por escribir

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