El Vegetarianismo Romántico



Still Life Of Fruits And Vegetables de Frans Snyders


Es usual que muchos paganos, e incluso practicantes del Arte, se decanten por un estilo de vida vegetariano, una noción incluso lógica dada la sensibilidad por la naturaleza que se desarrolla en tales senderos; la renuencia a herir a otro ser vivo, dañar a lo salvaje, en la forma de animales, tiene cierto sentido, aunque peca de ingenuo cuando se analiza el panorama de una forma menos sentimental.

Es por esa razón que esta forma de vegetarianismo puede ser considerado un mero romanticismo, nacido del bucólico deseo de no dañar a nada viviente, o más específicamente, y como algunos vegetarianos afirman, nada con un sistema nervioso, de forma que no se le ocasione dolor y sufrimiento a criatura alguna.

Para esta entrada me ayudaré muy directamente de las opiniones de dos magos muy renombrados y respetados, que elaboraron respecto a este tema específico, a ello aunaré mi visión personal, esperando que al final arrojemos luz a un tópico que es más llevado por una emocionalidad inocente que por una aplicabilidad lógica y un sentido real de entendimiento de las leyes naturales.

Si bien este escrito, como todos en esta página, va orientado a practicantes de magia y brujería, lo aquí contenido es extensible para paganos, cristianos, y demás devotos profanos, es decir, no iniciados en el Oficio, en cualquiera de sus manifestaciones. 

Comenzaremos con Papus, quien, en su Tratado Elemental de Magia Práctica, dedica unas cuantas páginas a la incorrecta aplicación del vegetarianismo para fines espirituales, señalando los riegos que acarrea al individuo y como el régimen vegetariano debería ser realmente aplicado. Debemos tener presente que el verdadero practicante del Arte no aplica sin sentido una acción o estilo de vida, sino que le adapta, lo más fielmente posible, teniendo en consideración la realidad mundana y natural, esto incluyendo su localización geográfica y ámbito cultural. 

Partamos primero de una premisa fundamental, solo así podremos interiorizar y comprender cabalmente el tema: 

El régimen vegetariano es positivo, y hasta necesario, para el cuerpo y el espíritu, cuando se desea comulgar con la Otredad y los reinos sutiles, ya sea en meditación, viaje directo, o evocación ceremonial. 

La razón de esto es extensa, el mismo Papus dedica más de cien páginas al cuerpo del hombre y la relación con su espíritu, y como este puede ser influenciado dependiendo de lo que se consuma. Para evitar una gran digresión, diremos que, en muy resumidas cuentas, el comer carne enraíza, tanto al cuerpo físico como a las emociones, al plano material, por su pesadez innata; de allí que sea usual, luego de la ingesta de una gran cantidad de proteínas y grasas, el sentirse torpe y adormecido. Innecesario decir que esto supone un obstáculo tremendo para cualquier actividad mágica y espiritual. 

Por el contrario, al adherirse a una dieta vegetariana, el cuerpo se vuelve ligero, elevándose en lo posible de las densas ataduras materiales, lo que facilita la acción del espíritu y los sentidos astrales. 

Si bien esto es una realidad, y la practica así lo asegura, el mal entendimiento de la misma es la que ocasiona graves problemas, e incluso puede poner en riesgo la vida de los ignorantes.

Esta clase de adaptación del vegetarianismo no es esencialmente romántica, no nace de un deseo especifico de no dañar a lo viviente, sino de la utilidad espiritual que posee. De aplicarse adecuadamente los frutos serán sumamente positivos, como lo hemos podido comprobar de primera mano a través de años de práctica; lamentablemente este no suele ser el caso, y aunque quienes emplean el vegetarianismo con este propósito son un poco más inteligentes que aquellos cuyas motivaciones son meramente sentimentales, caen igualmente en riesgos al no considerar su realidad inmediata, creyendo que aplicando una perenne dieta sin carne o proteínas animales podrán volar a los mundos empíreos a placer. 

De tal forma que, sí, el vegetarianismo es positivo para nuestros fines espirituales, los pitagóricos sabían esto muy bien, sin embargo debemos saber cuándo y cómo aplicarlo. 

Prosigamos directamente con Papus. 

El régimen vegetariano, que excluye el pescado, la carne y el alcohol, puede emplearse con fruto en la vida campestre, y su uso permite entonces que no se emplee otro en muchos años, lo que lejos de exponer a la persona a malas consecuencias, ahuyenta la posibilidad de ciertos peligros. Tal sistema de vida suprime muy pronto la resistencia del organismo a la voluntad y convierte al hombre en un ser pasivo, es de indispensable uso para el estudiante de la Magia, y debe ejercitarse en su empleo, consagrándose al principio en periodos de siete días y de quince después, pero habrá de realizarse, no nos cansaremos de repetirlo, viviendo en el campo o en un medio ambiente de análoga clase y a cubierto de toda preocupación de orden material. (Tratado Elemental de Magia Práctica. V, p. 123) 

Como vemos la recomendación de un régimen vegetariano permanente y absoluto solo sería factible en la vida del campo, pues su ligereza y tranquilidad facilitarían el consumo de solo vegetales y harinas, junto con la leche, huevos y queso, que son permisibles en tal caso según señala el autor en la misma página. Esto no es de extrañar, una vida campestre resulta distendida y afable, lejos de la algarabía y estrés de la ciudad, cuyo ambiente y esfuerzos cotidianos ameritan una carga proteica más fuerte. 

Sin embargo otros factores relevantes entran a la ecuación: 

Pero existe un detalle de la vida que describimos que tiene mayor importancia, y es el de la época del año y el clima, aparte de haber tenido en cuenta el medio donde se realice: sea en el campo o en la ciudad. En los lugares fríos, más o menos próximos al polo, el cuerpo humano no podría sostenerse con salud sin acudir al empleo continuado de las grasas y de los aceites muy densos. La choucroute y la cerveza de los alemanes, es una adaptación del individuo al clima del país. En la India; el Egipto y las regiones ecuatoriales, la nutrición dinámica determinada por la influencia solar basta casi, y unos pocos granos de arroz sustituyen por completo al enorme plato de choucroute que necesita el alemán.

Respecto a la cantidad y abundancia de aceite que requiera el régimen vegetariano, debe de variar según fuere el clima donde se emplee y es necesario ser tan ignorante como un teosofista para que se quiera imponer a los ingleses el propio sistema de alimentación que conviene a los indios. La falta de observancia de estos preceptos del régimen deducidos de las condiciones de cada medio y de cada clima, es lo que ha hecho que los sacerdotes sirvan para fomentar todas las supersticiones alimentarias que contienen los credos religiosos nacidos en Oriente. (Tratado Elemental de Magia Práctica. V, p. 123) 

Es así que se entiende perfectamente que la aplicación de un régimen vegetariano debe estar sopesado de acuerdo a nuestra realidad geográfica, y que cada clima determina directamente el tipo de dieta necesaria para nuestra adecuada supervivencia. La crítica de Papus a los teosofistas tiene su fundamento, pues muchos de sus partidarios intentaron durante mucho tiempo el implementar radicalmente una permanente dieta vegetariana, más adecuada en un clima y región como la India, en Europa, con sus claras diferencias no solo culturales sino ambientales, provocando graves problemas de salud a muchos de sus miembros: 

En Londres, en el Centro social de cierta agrupación mística, hemos visto a dos de sus miembros, la condesa W… y la señora M…, que materialmente se dejaban morir de hambre por no alimentarse de seres vivientes mientras que los fundadores de la Sociedad, so pretexto de su mal estado de salud, poníanse [sic] a la mesa para comer buenas raciones de pescado, seguidas de monumentales platos de arroz y legumbres diversas. Las aludidas damas querían tener visiones y mientras tanto que veían o no realizados sus mágicos designios, apoderóse [sic] de ambas la anemia cerebral. (Tratado Elemental de Magia Práctica. V, p. 125)

Como señala el traductor del texto, Papus se refiere a la Rama Central Europea de la Sociedad Teosófica, fundada en Londres por Madame Blavatsky. La enfermedad de ambas señoras fue sin duda producto de dos factores relativos a la mala aplicación del vegetarianismo: el anhelo por aligerar el cuerpo y sus pasiones con una dieta carente de productos animales, adaptando incorrectamente una dieta vegetariana oriental a un clima diferente y más aun dentro de una gran ciudad; y por otro lado el sentimental y ridículamente romántico deseo de no lastimar a otro ser vivo.

Este punto nos lleva a la exageración y falta de sentido común a las que un sin número de adherentes al vegetarianismo son partidarios, obviando hechos fundamentales, con muy negativas consecuencias. Aquí Franz Bardon, el eminente cabalista checo, nos ayudara: 

Desde los tiempos más remotos, todas las religiones, sectas, movimientos de cambio de consciencia y sistemas de entrenamiento, han considerado al ascetismo un problema muy importante. Varios sistemas del Oriente han convertido al ascetismo en fanatismo, causando gran daño por exageración y por los salvajes excesos que eran innaturales e ilegales (…) Si el ascetismo sirve al cuerpo humano, digamos en el patrón de una dieta, para deshacerse de la escoria y otras impurezas, o para salvar al cuerpo de enfermedad y para compensar desarmonía, entonces las medidas ascéticas pueden ser razonablemente empleadas, pero precaución con cualquier exageración. 

Alguien haciendo duro trabajo físico seria, muy ciertamente, muy tonto para privar al cuerpo de las sustancias absolutamente necesarias para su preservación, simplemente porque este privadamente interesado en yoga o misticismo. Tales extremos indudablemente terminaran con serios y peligrosos daños a la salud. 

El vegetarianismo no es implícitamente importante para el progreso mental o el desarrollo intelectual, a menos que suponga ser un remedio para limpiar el cuerpo de escorias. Una temporal abstinencia de carne o comida animal es indicada solo para unas muy específicas operaciones mágicas como una clase de preparación, e incluso entonces solo por cierto periodo. Todo esto debe ser considerado respecto a la vida sexual igualmente. (Iniciación al Hermetismo. I, p. 28) 

Este considerable extracto nos permite corroborar diversos puntos, comenzando primero que nada por la necesaria aplicación de la dieta vegetariana de acuerdo a nuestra realidad personal y contexto material. Seria risible pedirle a un atleta, o incluso a un ocupado hombre de negocios, o a un sesudo ingeniero en informática, que pasan sus días en un ajetreado ejercicio físico o mental, el abstenerse de proteína y grasa animal simplemente por las aspiraciones místicas que puedan tener. La vida urbana y sus requerimientos demandan un consumo alimentario muy diferente a la holgada vida campestre o rural. 

Algunos podrán alegar que la proteína animal puede ser sustituida por granos, sin embargo la cantidad de granos requerida para igualar el aporte proteico de la carne es mucho más sustancial, al igual que la necesidad de mezclarlos usualmente con muchas más legumbres, la carne presenta una mayor facilidad para la mayoría. 

Igualmente se evidencia el craso error que supone extrapolar cualquier orientalismo, por más místico que pueda parecer, a nuestra realidad occidental, en especial cuando incluso dentro de su propio ámbito cultural se supone lleno de errores y excesos. De la misma forma que para Oriente sería ilógico el copiar sin más nuestros sistemas mágicos, una mínima consideración y bien pensada adaptación es cuanto menos necesaria.

Bardon, al igual que Papus, señala la utilidad del vegetarianismo previo a ciertas operaciones mágicas, precisamente por las mencionadas razones de ligereza corporal, ejercicio de la voluntad, y control de las pasiones. Esto, naturalmente, es temporal. 

De tal forma que el vegetarianismo no es un modelo dietario aplicable para todos, estando sujeto a diversos factores, tanto geográficos, climáticos, como laborales y contextuales. 

Aun así, frente a estos hechos, habrá algunos que dirán que, sin importar si es saludable o no, si es lógico o no, si es aplicable regionalmente o no, el consumir a otro ser vivo, otro ser que padece y sufre, es moralmente incorrecto, y debemos abstenernos absolutamente de comer carne, ya no por supuestos beneficios espirituales únicamente, sino por una responsabilidad universal.

El comentario de Papus a estos vegetarianos de praderas rosadas y nubes de algodón, es más que acertado. Por su elevado valor lo reproducimos enteramente.

Partiendo del hecho positivo de que el régimen vegetariano produce la calma orgánica, diversas sectas han surgido disputándose el rigor con que predican este sistema de vida impuesto a los discípulos, sin cuidarse poco ni mucho de lo que exigen las necesidades fisiológicas, las del medio ambiente, y las del clima. De semejante manera han aparecido los argumentos vegetarianos, de puro carácter sentimental. No es necesario destruir vidas para que el hombre pueda alimentarse, se dice, y los que esto enseñan, olvidan como en la naturaleza la vida vegetal se mantiene a merced de la lenta disolución de los minerales y la vida de las especies zoológicas herbívoras, puestas por ejemplo, mediante el sacrificio continuado de las plantas.

Pero un vegetal es también un ser viviente, argumenta el pontífice de otra secta, y en el acto nace una nueva escuela que solo usa como alimento las semillas y las frutas: de conclusión en conclusión los vegetarianos puros, convertidos en adoradores de una sentimentalidad inflexible, llegaran a no comer más que tierra…y aun podría suceder que surgiesen escrúpulos. 

Un poco de reflexión basta para hacernos ver que cada instante matamos seres vivientes, en nuestros campestres paseos y en las hecatombes de vidas vegetales que se llaman siega y recolección; y aún más enorme es la mortandad cuando respiramos, en cuyo momento sumimos en el interior de nuestro cuerpo millones de activas existencias microscópicas, que pueblan el aire, de cuya vitalidad no nos queda duda desgraciadamente a veces. 

Es necesario saber apartarse de estas opiniones mezquinas y comprender que el organismo humano es un conjunto de seres vivientes cuyo desarrollo arrebata a la naturaleza otros seres que a la necesidad de vivir sacrifica. Nuestro ser intelectual, el hombre-espíritu, que solo se mantiene de sensaciones y que ni siente ni obra sino es por virtud de la fuerza nerviosa, bien puede permitirse el lujo de entregarse a semejantes sentimentalidades; pero el organismo que suministra la energía neúrica, no tiene el derecho de mostrarse más sensible que la drosera, esa suave planta que lentamente absorbe la sangre de los insectos, que la araña que se precipita sobre las moscas, y que el propio buey, ese tranquilo animal vegetariano que come sin compasión la más delicada sensitiva hallada al alcance de la boca. (Tratado Elemental de Magia Práctica. V, p. 124-125) 

No hay mucho más que agregar a la muy completa opinión del mago galo; si queréis ejemplos de las leyes universales observad a la naturaleza, que sigue indefectiblemente los principios cósmicos. Unos mueren para que otros vivan, el fuerte aplasta al débil, el leopardo consume a la gacela, el ruiseñor a los insectos, el toro la hierba. Un perfecto ciclo de vida y muerte. No debemos sentirnos avergonzados por forma parte del mismo. 

Aun así, no somos insensibles al sufrimiento, y estamos perfectamente conscientes del dolor que suelen sufrir los animales en los mataderos, tal cuestión es innegable, en la antigüedad el proceso era mucho más adecuado, tanto para el animal como para el hombre.

Los sacrificios animales eran efectuados por Sacerdotes, que entendían el valor de la vida, y el respeto al animal que era degollado para nuestra supervivencia; estos no eran enjaulados en condiciones paupérrimas y asesinados en masa por maquinas sin sentimiento ni entendimiento de su dolor. 

El consumir actualmente carne supone riesgos no solo físicos, si las condiciones de los mataderos no son sanitarias, sino igualmente riesgos espirituales; si los animales son sacrificados, aunque dada las condiciones mencionadas la palabra sacrificio es más un eufemismo que una realidad, en un ambiente de horror, rebeldía, sufrimiento, naturalmente de tales características estará llena su carne, la que eventualmente consumiremos, llenándonos precisamente de esos horrores. Creemos personalmente que esta es una de las causas del cáncer, aunque indudablemente esto es una subjetividad sin valor científico, pero somos de la opinión del sabio tracio Zalmoxis: los males físicos tienen en muchos casos un origen en el espíritu. 

Muchos occidentales critican arduamente a los mataderos islámicos halal, sin embargo, si estos fuesen aplicados como en teoría se debería, aunque este no sea el caso práctico en su mayoría, mantendrían entonces el espíritu del considerado sacrificio antiguo, a diferencia de los sistematizados mataderos occidentales; si usted piensa que el dejar inconsciente al animal con un brutal golpe en la cabeza es más humano tenemos graves problemas de lógica básica. Los mataderos judíos tradicionales también guardan, probablemente más por tradición que por real entendimiento espiritual, las viejas formas, solo un rabino, o alguien designado por uno, puede efectuar la matanza. 

Muy a nuestro pesar esta es la realidad, como también es la realidad, por todo lo que hemos expuesto, que necesitamos consumir carne, nuestro estilo de vida lo demanda, y no hay pecado o falta alguna en ello, por lo que nuestro consejo es el mismo que el dado por Papus: bendecir todo alimento que comamos, exorcizándolo de todo horror y sufrimiento del animal que haya sido sacrificado para nuestro consumo.

Otra alternativa viable es procurar solo carne kosher, a sabiendas que los rigurosos procedimientos que son necesarios para ser certificada como tal, son virtualmente cumplidos siempre. De igual manera, una purificación previa a su consumo es siempre propicia. 

Una dieta vegetariana es perfectamente aplicable durante un determinado periodo, y por las razones adecuadas claro esta; el usual ayuno de los grimorios previo a una evocación clásica, que oscila entre tres a once días, se refiere a esta clase de régimen alimenticio más que una completa abstención de sólidos. Como hemos visto la privación de carne afila la voluntad y los sentidos, aliviana el cuerpo y facilita enormemente el contacto con lo sutil. No es por azar que previo a cualquier práctica espiritual menor, como una simple meditación, se recomiende no consumir ningún tipo de alimento por lo menos de dos a tres horas antes, el cuerpo bajo tal condición está tranquilo, la digestión se encuentra ya avanzada, y el espíritu es libre de la densidad de la materia. 

Si la diferencia entre una meditación con el estómago lleno y otra habiendo dejado pasar tres horas luego del último alimento es muy considerable, imaginaos la experiencia espiritual luego de un ayuno vegetariano de tres días, o incluso los rigurosos once días, en donde solo se consuman legumbres hervidas, tal vez un poco de harinas y agua. Esto no es mera teoría, la práctica lo comprueba, solo bastara a nuestro lector el hacer la prueba. 

Recordad que tal dieta es solo temporal, en especial si vivimos en ambientes urbanos y tenemos otros deberes que demanden gran inversión física y/o mental.

Si bien esta Entrada es corta, para lo que requiere el completo entendimiento del cuerpo humano y como diferentes alimentos pueden sernos útiles para nuestras empresas mágicas, creemos que es suficiente para disipar ciertos mal entendidos, tan diseminados gracias a la ignorancia de unos y buenas intenciones de otros.

El misticismo mal sopesado es riesgoso, el sabio practicante el Arte hará bien en evaluar adecuadamente todos sus procedimientos y no apresurarse a aplicar cualquier cosa solo por mero arrebato de sensibilidad, sin tener en consideración factores tan determinantes como su tiempo y espacio.

Parafraseando a Papus, quien nos ha sido de tan inestimable ayuda en el presente estudio, el mago no copia sin pensar, sino que adapta, y yo voy un poco más allá al decir que se debe adaptar buscando la esencial pureza del original, pero teniendo en consideración los cambios de la época y las variaciones territoriales. Esto no es lo mismo que sustituir sangre por vino donde se pide expresamente el uso del líquido vital, como haría un neo-pagano ecléctico cualquiera; sino el entender la esencia de los procedimientos, sus porque, y en base a esa perfecta interiorización adaptar de ser necesario, y solo si es irremediablemente y lógicamente necesario.

Tal vez con esto evitemos que algunos terminen consumiendo aire, con tal de no dañar a cosa alguna. 



2 comentarios :

  1. Hola, soy de Argentina. No soy iniciado (aún) pero sí un gran curioso en la materia.
    Me ha gustado mucho éste artículo, sinceramente. Muchas veces he intentado dialogar sobre ésto pero no llego a dar con gente dispuesta al debate, sino más fanáticos tanto de la carne como del vegetal.
    He de agregar que hipotéticamente existe la dieta "pránica", alimentación energética, en la principalmente se vive "como planta", haciendo una especie de "fotosíntesis" mediante práctica psíquica, porque es la energía solar la que en teoría el cuerpo necesita para ciertas prácticas yoguísticas. Y de ese teórico concepto podríamos decir que se parten distintos grados de procesos de dicha energía solar. La dieta pránica sería de primer lugar, consumición directa del prana solar por medio de los orificios espirituales (o los puntos de presión de acupuntura y los chakras). En segundo lugar vendría el vegetarianismo, que consume al vegetal que ya previamente proceso dicha energía solar. Y en tercer grado, el consumo carnívoro, que consume al animal que a su vez consumió la planta que previamente fotosintetizó el prana. Creo que me explico correctamente en dicha forma el orden... y teniendo en cuenta la cantidad de alimentos artificiales de dudosos elementos químicos que podrían ser considerados ya en grados de deterioro del prana solar.
    Si bien éstas cosas que menciono las leí en libros de espiritualidad que no dan pistas precisas con bibliografía solo tocan el tema muy por lo alto, he visto videos del canal youtuber Mundo Desconocido en que tocan el tema y hasta datan un caso documentado de un yogui que vivió sin comer un gramo de nada durante semanas, moritoreado por científicos que en su total asombro no lograron explicar qué fue lo que pasó.
    Perdón si me fui un poco de palabrerío, todo ésto lo digo en relación a que "algunos terminarán consumiendo aire, con tal de no dañar cosa alguna".
    Por supuesto, una práctica de dieta prana supone a un humano bucólico de poca actividad física, rendido a la pura práctica de meditaciones. Y hasta leí por ahí que dicha dieta es divina y que fue practicada tanto por Jesús como por Buda. Información obviamente insostenida de bibliografía pertinente, pero que de algún modo da a pensar.
    Estoy completamente de acuerdo con lo dicho en tu artículo.
    Y agrego una frase contundente: la vida se alimenta de vida.

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    1. Saludos,

      Agradezco tu comentario, lo extenso del mismo habla de tu interés en el tema; y como dices al final, una dieta especial de ese tipo, solo es posible bajo cierto contexto cultural y geográfico, además de que requeriría un nivel de iniciación sumamente avanzado en esa corriente especifica.

      Incluso un adepto superior occidental no podría sostenerse sin la instrucción y el estilo de vida necesario.

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